martes, 10 de febrero de 2009

texto de Arturo Corcuera, en homenaje al poeta Vicente Aleiexandre:


VICENTE Y SIRIO

1

Veo a Vicente Aleixandre acompañado de su perro Sirio. Se sentaba junto a él. En su sillón de mimbre solía descansar el poeta bajo un árbol en su jardín. Allí, entre pájaros y poesía, Sirio había crecido y edificado su reino.

Yo fui casi vecino de Aleixandre por una temporada, cuando estuve alojado en la Residencia de Relaciones Culturales, cerca a la Ciudad Universitaria. Fue durante esa temporada que lo frecuenté. Sirio me recibía con alegría y cuántas veces, como viejos amigos, correteamos juntos. Se sabía que Sirio tenía buen olfato para detectar a los poetas amsigos y que sólo era arisco y gruñón con los malos poetas, a los que ladraba sin cesar o mordía si fuera necesario. Yo me llevé, modestia aparte, muy bien con Sirio que merecía cantar.

Aleixandre vivía en Madrid, en la calle Velintonia, ahora lleva su nombre. Sonriente y jovial, asequible y bondadoso, recibía a los intrusos visitantes en su cuarto de trabajo, inundado de libros, objetos de arte, retratos, pinturas. En otoño o primavera lo hacía en el jardín.

No olvidaré nunca su generosidad infinita, sus palabras afectuosas sobre mi poesía: "La poesía breve es muy difícil. Es como dar en el blanco teniendo muy poco tiempo para disparar. Y usted lo ha logrado". Aludía a Noé delirante. Evocaba a sus compañeros de generación: "Federico García Lorca era comparable a una llama. Ardiente, apasionado, inteligente, con una fantasía sin límites... Miguel Hernández parecía un campesino en su aspecto exterior. Tenía mucho de elemental. Era como la tierra o como una roca. Artista sensible y notable poeta, murió encarcelado sin conocer su consagración. Apenas si le conocían los soldados porque leía sus poemas en las trincheras…". Me preguntó por Pablo Neruda y recordó la vez que se conocieron. "Me lo presentó Federico, poco antes de empezar la guerra civil. Me había hablado muy bien de él. Neruda me visitaba a menudo.. En este mismo sitio nos reuníamos muchas veces…En su libro Los encuentros recuerda a Luís Cernuda "vestido de negro, bajo de color el rostro, fina la figura"; a Pedro Salinas lo pinta con "un color dorado, pálido, centellante a un posible sol escondido; precisamente el color de la "manzanilla"; a Manuel Altolaguirre lo veía como "un ángel, que de un traspié caído en la Tierra y que se levantara aturdido, sonriente…y pidiendo perdón"; observaba "firme la frente, prolongada clásicamente en la recta nariz" de Rafael Alberti, que " tenía claridad en los ojos grandes e irradiaba una luz casi rubia"; con estas descripciones completo el retrato de varios de sus amigos en los encuentros de aquel tiempo. A su retorno a América – me encarga, Aleixandre- no olvide de darle mis saludos a Neruda". Y esa ocasión se produjo cuando Neruda llegó a Lima y yo acababa de retornar de España. Al primer encuentro me preguntó por Aleixandre ¿"Siempre vive en Velintonia?". Yo cumplí en transmitirle los saludos del poeta español. Rememoro su voz: "Neruda es lento. Uno se va impregnando poco a poco de su simpatía personal". Por esos días leí la evocación amable que Neruda hace del gran poeta español en su Memorial de Isla Negra: "…mientras enderezaba mi vaga dirección/ hacia cuatro caminos, al número 31 de la calle Welligtonia/ en donde me esperaba/ bajo dos ojos con chispas azules/ la sonrisa que nunca he vuelto a ver/ en el rostro –plenilunio rosado-/ de Vicente Aleixandre/ que dejé allí a vivir con sus ausentes".

En sus numerosas pláticas se interesó por los avatares del Perú, por Lima, tan presentida siempre, por Alejandro Romualdo de quien guarda gratos recuerdos. "Además de de un gran poeta, sé que es un gran luchador. Me llegan noticias de que está perseguido. Meses atrás firmé una carta, con otros escritores, solicitando su libertad al gobierno del Perú.

"Por Carlos Bousoño supo que soy poeta y se resintió conmigo por no habérselo dicho desde un comienzo. Me mostró un ejemplar traducido al alemán de su poesía que le acababa de enviar de la editorial Rowohl bajo el título de Nackt Wieder Gulende (Desnudo como piedra candente). No conocía personalmente a su editor, pero tenía referencias de haber realizado un buen trabajo. "Sé muy poco alemán. Solamente puedo leer las cartas que me escribe mi maestra Eva Sifert. Ella sabe mis limitaciones en el conocimiento de ese idioma. Seix Barral lanzaba en ese invierno del 66 su libro Presencias y estaba a punto de aparecer Retratos con nombre en la Colección El bardo de Barcelona. De este libro, respondiendo a un crítico, opinó: "Realmente estoy contento del impulso originario, no tanto -como siempre- del resultado".

Hasta hoy poseo un poema manuscrito dedicado a Scharlie Pfeiffer, joven alemana, inteligente y actractiva, admiradora de Aleixandre y discípula predilecta de Bousoño, amiga memorable, a quien le arrebaté el poema con el compromiso de devolvérselo después de darlo a conocer en el Perú, promesa que en su primera parte hasta hoy no he cumplido.

De Lima le escribí a Aleixandre en varias oportunidades y recibí respuesta a vuelta de correo. No olvidaba en mis cartas de enviarle efusivos saludos al humanísimo Sirio, de "hondos ojos apaciguados" .En Retratos con nombre cantó a Sirio: "Tus largas orejas suavísimas, tu cuerpo/ de soberanía y fuerza,/ tu pezuña que toca la materia del mundo,/ el arco de tu aparición y esos hondos ojos apaciguados/ donde la creación jamás irrumpió como una sorpresa".

Conservo con devoción una carta suya en la que me da cuenta de la amorosa y callada muerte de Sirio junto a él. "Recuerdo –me dice- nuestras pláticas en Velintonia y siempre espero que algún día se reanuden, Sirio de quien usted hace memoria, murió el año pasado mientras dormía a mi lado". En otra de sus cartas me expresa su pesar por no poder venir a América y me comunica también una simpática noticia: "Un día aparecerá usted por la puerta de Velintonia. Encontraría ahora una novedad: un nuevo Sirio lo recibiría alborozado". Pero yo sé que en la Calle Vicente Aleixandre (antes Velintonia), adonde ya nunca más iré, me estarán esperando dos ausencias.

2

A los pocos años de su muerte, me enteré por los cables que la casa de Aleixandre está sola y abandonada, marchitas las enredaderas y polvorientas las paredes. El último inquilino que se instaló , como si hubiera crecido en el jardín un arbusto desgreñado, fue un mendigo. Allí, entre los árboles, duermen bajo tierra los tres perros que sucesivamente acompañaron al poeta. Los tres tuvieron por nombre Sirio. Yo conocí sólo al segundo. La noticia del deterioro de su casa conmovió a amigos y extraños. La casa, donde tantas veces se reunieron los poetas del 27, también se ha comenzado a morir. Es ahora una casa en sombras. Se mudaron a las estrellas esos "dos ojos con chispas azules" de los que habla en su poesía Pablo Neruda.

3

Meses después de la muerte de Aleixandre, 16 poetas españoles resaltaron la obra y la personalidad del poeta en un acto en el que intervinieron también dos compañeros de generación: Rafael Alberti y Dámaso Alonso que por entonces sobrepasaban los 80 años. Tanto Carlos Bousoño como Claudio Rodríguez leyeron poemas a Sirio, esa trinidad de perros que llevaron el mismo nombre sucesivamente y que acompañaron su soledad sagrada. Y fue Claudio Rodríguez recordó quien recordó que Sirio jamás ladraba ni a los niños ni a los pobres y que sólo atacaba a los malos poetas, a quienes solía percibir con el afinado olfato crítico que poseía.

Arturo Corcuera,

Perú

(Texto proporcionado por Carlos Ostolaza).
De: BOSQUE DE PALABRAS,