jueves, 2 de octubre de 2008

ENTREVISTA A CARLOS FUENTES

El novelista que no quiere aplaudir

Va a cumplir 80 años, lo homenajea todo México, y él sigue escribiendo. Acaba de publicar La voluntad y la fortuna a 50 años de La región más transparente, que en 2009 reeditará la Real Academia Española. Convertido ya en un clásico, el escritor mexicano insiste en defender la función social, incómoda, de la literatura. Y dice que aspira a que su obra sea "una comedia humana" mexicana.

Por: Mónica López Ocón

Carlos Fuentes es más que un escritor, es una verdadera institución de la cultura. El 2008 es un año muy significativo tanto en su historia personal como en la historia de la literatura latinoamericana. En efecto, se cumplen 50 años de la aparición de La región más transparente , una novela que conmocionó el panorama literario y que se convirtió en un clásico. El 11 de noviembre, además, Fuentes cumple 80 años, un hecho al que prefiere restarle importancia, pero que ha sido el disparador de una serie de actividades –coloquios, presentaciones de libros, conciertos, obras de teatro– que tienen el carácter de homenaje nacional a su obra y a su trayectoria. A esto se suma la reciente aparición en México y la inminente aparición en la Argentina y en otros países de América latina (el 6 de octubre) de La voluntad y la fortuna. Se trata de una novela monumental, tanto por la extensión como por el propósito de narrar gran parte de la historia de México a través de las historias personales de Josué Nadal y Jericó, cuya relación será al principio fraternal y enriquecedora como la de Cástor y Pólux, y luego violenta y destructiva como la de Caín y Abel. Quien narra la historia es la cabeza cortada de Josué, que yace en una playa del Pacífico.

A Fuentes, Londres le parece el lugar adecuado para preservarse de la efervescencia y los trajines del próximo homenaje y para continuar con su vida metódica, con horarios estrictamente establecidos para escribir, para leer y para ir al cine o al teatro. Considera que la disciplina es una obligación de todo escritor. Sin embargo, se hace tiempo también para mantener una larga entrevista telefónica en la que prefiere pasar por alto las fechas conmemorativas y el cumpleaños. Está demasiado ocupado en múltiples proyectos como para tomarse en serio los caprichos el calendario.

¿Cómo vive la agitación cultural que hay en este momento en torno a su figura?
¿Qué cómo la vivo? Pues mire, estoy muy tranquilo escribiendo aquí, en un cuarto piso, en la ciudad de Londres.
Pero mientras usted escribe, tranquilo, en Londres, en México se preparan los homenajes que se realizarán y que lo tienen como protagonista.
Sí, es cierto. Mi cumpleaños será un día de celebración y todo lo demás son mesas a las que asistirán escritores de todo el mundo que tratarán distintos temas. Se ocuparán de la novela, del cine, el arte, la política y muchos otros temas. No se ocuparán de mí. Sólo soy un pretexto. Las mesas redondas tratan temas importantes y objetivos.

Para el año que viene, además, está prevista una edición de "La región más transparente" que estará a cargo de la Real Academia Española. Eso también es parte de los homenajes por sus 80 años. Me parece que usted es algo más que un pretexto.
Sí, puede ser, pero no me insista tanto con lo de los 80 años, mire que yo tengo sólo 60. (Se ríe) Sí, la Real Academia ha comenzado con una edición de El Quijote, luego de Cien años de soledad y ahora siguen con La región más transparente que cumple 50 años de su publicación. El motivo es la novela, no yo.

Pero algo ha tenido que ver con "La región más transparente".
(se ríe) pero sólo un poco.

Su última novela, "La voluntad y la fortuna", es una obra ciclópea, un enorme mural literario. El esfuerzo de escribir una obra así habla del empuje no ya de un hombre de 60, como usted, sino de uno de 40.
(Se ríe) Sí, haga de cuenta que he escrito mi primera novela. Porque para escribir hay que sentirse así, con fuerza. No hay que decir "ya escribí tal cosa" o "ya tengo tal edad". Cada novela hay que escribirla como si fuera la primera. En síntesis, hay que asumir riesgos. Asumí muchos riesgos con La región más transparente .

¿Cuáles?
Fue una novela muy criticada, muy vapuleada, muy maltratada. Luego, se convirtió en un clásico, pero al principio no fue así. Creo que hay que escribir a contrapelo, no hay que seguir las reglas, sino violarlas.

¿Qué significaba "violar las reglas literarias" hace 50 años, cuando usted escribió "La región más transparente"? Por ejemplo, escribir sobre la ciudad de México, que nunca había sido el personaje real de una novela. Había habido sí, menciones, escenas en la ciudad, pero básicamente la novelística mexicana era una novelística del campo, de la revolución. Me di cuenta de que esta novelística había llegado a su cima con el insuperable Pedro Páramo de Juan Rulfo, que es la mejor novela mexicana de todos los tiempos. No era posible ir más allá en la temática que había empleado Rulfo. "Caramba, me dije, estoy viviendo en una ciudad –en ese momento tenía cinco millones de habitantes– y no hay una novela que sea comparable a Manhattan Transfer de John Dos Passos o a Berlin Alexanderplatz de Alfred Döblin, es decir, a novelas que tratan a la ciudad como personaje. Este era un desafío que sentí que debía asumir. Me embarqué en eso a los 25 años, la terminé a los 28. Y ahí ve usted cómo comencé a escribir novelas a partir de una necesidad que para mí era muy importante y que consistía en darle cuerpo literario a mi ciudad.

¿Cree que "La voluntad y la fortuna", una novela urbana por excelencia, es la culminación de "La región más transparente"?
No, espero que no. Yo nunca siento que culmino nada, no puedo aceptarlo. Tengo muchos proyectos en la cabeza y los quiero desarrollar. Como le dije, en esa novela hablaba de una ciudad que tenía cinco millones de habitantes cuando el país tenía 20 millones. Hoy, el país tiene 110 millones y la ciudad tiene 20 millones. De modo que en un mundo en transformación no puedo saber qué voy a escribir dentro de diez años.

Leí quedijo que "La usted voluntad y la fortuna" era su mejor novela. ¿Lo considera así?
Me parece difícil que haya dicho algo tan contundente. Considero que mi obra es un todo, no hablo de novelas individuales. Tengo algunas mejores que otras. Algunas son como chicas muy bonitas. Otras son bizcas, tuertas o les falta pelo. Es que yo soy en ese sentido un escritor muy balzaciano y trato de hacer una gran comedia mexicana que abarque muchos aspectos, muchas discusiones, muchas investigaciones, muchos riesgos literarios, por lo que siento que no llego a metas, sino que estoy metido en un proceso creativo continuo.

¿"La voluntad y la fortuna" es, entre otras cosas, una novela de iniciación?
Sí, lo es, en la medida en que Caín y Abel son personajes iniciáticos. En La Biblia, Caín y Abel son hermanos enemigos. Este es uno de los grandes temas de la literatura y de la religión. Esto demuestra una cosa: que, como dijo el crítico ruso Vladimir Propp, no hay más que diez o doce temas: los hermanos enemigos, la rivalidad entre padres e hijos, el hijo pródigo, el retorno al hogar, la pareja... Son todos temas clásicos y lo único que importa es cómo se tratan.

¿Cuál es la razón del título de la novela?
Es un homenaje a Maquiavelo, quien radica su filosofía en la voluntad del príncipe, la necesidad del príncipe y la fortuna, la buena suerte, en la cual no confía mucho porque dice que es como las mujeres. Era un tanto misógino. Titulé la novela La voluntad y la fortuna porque por ella corre mucho la vena maquiavélica. Los personajes leen a Maquiavelo, lo estudian, hablan de él en un momento dado. Su filosofía política ilumina con una luz oscura esta novela.

¿Es inevitable que una relación de hermandad como la de Cástor y Pólux, que es la que tienen los dos personajes principales en el comienzo de la novela, devenga en una relación de odio como la de Caín y Abel?
No es inevitable, pero sucede y es útil literariamente, a los efectos de la ficción. No es que yo me la haya propuesto de antemano, sino que la novela me llevó naturalmente hacia esa rivalidad final.
Usted relaciona esta pareja bíblica con la historia de México. ¿En la Historia se dan necesariamente el desencanto y la traición?
Lo que sucede es que los escritores somos los malos bichos de la sociedad. No estamos para decir "¡Ay, qué bien van las cosas. Aplauso, aplauso. Qué maravilla todo!", sino para decir "Cuidado, las cosas andan mal y se pueden hacer mejor". Desconfíe usted del escritor que aplaude y dice "qué maravilla mi sociedad, mi gobierno." No, estamos en el mundo para ejercer una función crítica en el sentido más noble de la palabra, no sólo como crítica adversa, sino también como crítica constructiva o crítica que señale una realidad paralela a la realidad que vivimos todos los días. Don Quijote de la Mancha nunca existió, Hamlet no existió, pero hoy quién puede entender el mundo sin Don Quijote y sin Hamlet. Antes de ellos el mundo era otro, de modo que la creación de esta realidad paralela es el mayor ejercicio crítico e imaginativo que nos da la literatura.

También sus personajes parecen haberse instalado en el mundo. De hecho, migran de unas novelas a otras. En "La voluntad y la fortuna" reencontramos a Artemio Cruz , a Barroso, a Federico Robles.
Sí, vienen de otras novelas y van a novelas futuras. Esa es la influencia de Balzac. Desde que lo leí, a los 18 años, me fascinó mucho el retorno de los personajes. Los destinos de Goriot, de Vautrin van tejiendo una especie de gran diorama social, literario y espiritual de la sociedad de su tiempo. Le debo mi cultura literaria básicamente a tres escritores: Balzac, Cervantes y Faulkner. Son los tres en los que me he inspirado más y que me han inspirado más.

Sus referentes literarios y su forma de escribir desafían todo lo que se ha dicho sobre la novela contemporánea. Por ejemplo que ha muerto o, por lo menos, que ha perdido su lugar para contar grandes ciclos históricos y que su único reducto es lo íntimo, lo pequeño.
Convivo con la teoría de la muerte de la novela desde hace medio siglo y la desmiento totalmente. Primero la mató la radio, después el cine, luego la televisión. Nada de esto es cierto. Aunque sea leída por una minoría y haya pocos novelistas en el mundo, no importa. Esos islotes son como la isla de Elba para Napoleón. Más que ser reductos inviolables son reductos donde se crean, lo repito, realidades paralelas, realidades incómodas, realidades que no tienen que ver con el confort porque somos seres trágicos. La novela también tiene valor de advertencia para que no nos conformemos con lo que tenemos.

Es decir que usted sigue creyendo en la misión social del escritor.
Creo que el principal deber del escritor tiene que ver con la imaginación y con el lenguaje y no le recrimino a nadie que no vaya más allá del ejercicio de ambas cosas. Pero algunos de nosotros tenemos tentaciones políticas y sociales y también está bien que así sea. Lo que quiero decir es que la función social y política de la novela se cumple en la novela misma a través de la fuerza de la imaginación y del lenguaje. Se piensa que las novelas pueden ser banales en relación con lo social, pero no es así. ¿Qué es lo primero que hace un dictador, como Hitler, al llegar al poder? Quemar libros. Pues entonces los libros no son tan poco importantes como se pensaba antes de la llegada del dictador.

En su última novela habla del mundo como cárcel y de la cárcel como mundo. ¿La utopía es una forma de salir de esa cárcel?
La utopía es una forma de proyectar luz en la cárcel, pero no asegura que salgamos de ella. No salimos de la cárcel porque finalmente vamos a morir todos. Por definición, las utopías no se cumplen porque si se cumplen, dejan de ser utopías.

Entonces somos todos un poco como uno de los personales de "La voluntad y la fortuna", Miguel Aparecido, que permanece en la cárcel por propia voluntad.
(Se ríe). No todos. Miguel Aparecido tiene buenas razones para permanecer encarcelado. Es posiblemente el personaje que más quiero de la novela. Le tengo mucho afecto y siento mucho interés por él.

¿Por qué?
No lo sé, por el personaje mismo, por esta decisión suya de optar por la prisión y no por la libertad y por encontrar en la prisión su libertad. Además, por ser el depositario de una serie de historias del pasado.

También menciona el tema de la televisión. Entre este medio de comunicación y los intelectuales hay un vieja pugna. ¿Qué piensa usted al respecto?
Que puede ser muy buena. Una de las razones que tengo para estar en Inglaterra es que la televisión aquí es muy buena. El programa más divertido son los debates del parlamento inglés, una extraordinaria telenovela. Lamentablemente, aunque puede ser muy buena, generalmente es mala. Acabo de estar en Italia, donde Berlusconi domina la televisión y entonces lo que se ve es basura. Debo admitir, sin embargo, que lo único que miro son películas viejas y noticieros, porque quita mucho tiempo y yo necesito leer y escribir. Si me planto frente al aparatito, puedo volverme idiota.(Se ríe)

Tiene un poder hipnótico.
Claro, porque apretamos un botón y parece que el mundo desfila ante nosotros y entonces nos creemos inteligentes.

También en su novela habla de México como de una "narconación". ¿De qué manera cree que la irrupción de los carteles ha modificado el panorama político en su país y el mundo?
México tuvo un momento político de mucha violencia con la Revolución, pero luego con el PRI y con la democracia, fue un país con problemas, pero más o menos tranquilo. Ahora, cuesta salir a la calle porque hay una narconación, una presencia de los narcos en diferentes áreas que hace peligrosa la vida. Por eso estoy a favor de que se despenalice la droga y eso sólo se puede lograr si la despenalizan los Estados Unidos. Los narcotraficantes mexicanos son pigmeos, gente muy menor que lo único que hace es mandar droga al otro lado de la frontera para el gran consumo norteamericano que es donde se gana el dinero. Mientras los EE.UU. tengan demanda de droga, México les va a dar droga. Cuando dejen de hacerlo, el problema de la droga se acabará en México. La cosa es así de sencilla y así de difícil, porque cómo un gobierno norteamericano va a despenalizar la droga cuando todo el puritanismo y el protestantismo americano va a poner el grito en el cielo. Por eso propongo que México junto a otros seis o siete países despenalice la droga. Quizás haya más drogadictos, pero no va a haber más narcos. Cuando se despenalizó el consumo de alcohol siguió habiendo borrachos, pero ya no hubo Al Capones.

También hace referencia en su novela a la globalización. ¿De qué modo cree que influye sobre las identidades nacionales, sobre todo en un país con una identidad cultural tan marcada como México?
La globalización se refiere al movimiento de bienes, de valores monetarios, de cosas, pero no al movimiento de personas, cosa que me afecta mucho porque soy de un país de trabajo migratorio hacia el norte. Mientras no haya un proyecto internacionalista que someta a ley la globalización, esta va a causar grandes estragos. Necesitamos una globalización del trabajo, pero sobre todo, de las relaciones internacionales de acuerdo con leyes claras del derecho internacional. Ha habido un interregno fatal de unilateralismo luego de la caída de la Unión Soviética y de la prepotencia, ceguera y estupidez del gobierno de "Bush chico". Eso se está acabando. La crisis bancaria de los Estados Unidos pone fin a la idea de crear un gobierno de libre empresa sin reglas. Ya vimos de qué sirve el mercado sin reglas.

Volvamos a la literatura. En la novela cita la conocida frase de Wilde de que el arte es 10 por ciento de inspiración y 90 por ciento de transpiración. ¿Es cierto que tiene una disciplina espartana para escribir?
Soy muy disciplinado, sí. Me levanto a las seis o siete de la mañana y escribo cuatro o cinco horas. Luego, por la tarde, leo también cuatro o cinco horas y por la noche me voy al cine o al teatro con mi esposa. Creo que el primer deber de un escritor es la disciplina.

¿Por qué no usa PC?
Porque no hay nada que reemplace la sensualidad de la pluma sobre el papel.

Fuentes Básico

Panamá, 1928.

Escritor Hijo de diplomáticos, Carlos Fuentes creció viajando. Durante su infancia y juventud vivió en Suiza, Ecuador, Uruguay, Brasil, Chile, Argentina y Estados Unidos. En la adolescencia regresó a su país, que marcó definitivamente su obra. En 1955 fundó con Emanuel Carballo y Octavio Paz la ya mítica "Revista Mexicana de Literatura". En 1964 empezó una relación de amistad con Gabriel García Márquez, los dos representantes más notorios del boom latinoamericano, junto con Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar, a quien Fuentes frecuentó durante sus años de residencia en París. Entre los títulos más importantes de su obra narrativa, que profundizó en la identidad cultural de México, se destacan La región más transparente (1958), La muerte de Artemio Cruz (1962), Aura (1962), Zona sagrada (1967), Cambio de piel (1967), Terra nostra (1975), La cabeza de la hidra (1979), Agua quemada (1981), Gringo viejo (1985), Cristóbal Nonato (1987), En esto creo (2002) y La silla del águila (2003). En 1987 recibió el Premio Cervantes y en 1994, el Premio Príncipe de Asturias.

Homenajes y ediciones de un clásico hispánico

Desde 2004, la Real Academia Española inició una serie de ediciones conmemorativas de los grandes clásicos hispánicos de todos los tiempos. Primero fue la edición "popular" del Quijote en el IV Centenario de esta obra y continuó con Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, en la que se incluyeron ensayos de renombrados intelectuales, entre ellos, Carlos Fuentes. Ahora será el turno del mexicano. La RAE prepara para el próximo año (se publicaría en febrero de 2009) una edición en homenaje a los 50 años de la publicación
de La región más transparente. Será, como todas las ediciones hasta ahora, de tapa dura y precio económico e incluirá (aunque todavía no trascendieron los nombres) el análisis de escritores y ensayistas. En tanto, se ajustan los detalles para las celebraciones que se realizarán en la Ciudad de México a partir del 11 de noviembre, y que tendrán como invitados a García Márquez,Arturo Ripstein, Silvia Iparraguirre, Tomás Eloy Martínez y Nadine Gordimer, entre otros.

CARLOS FUENTES. A 50 años de la región más transparente, acaba de publicar una novela que vuelve a retratar la realidad urbana de México.