martes, 26 de agosto de 2008

César Moro

ENTREVISTA

César Moro y sus anteojos de azufre

ANDRÉ COYNÉ NO SOLO FUE UN CERCANO AMIGO DE CÉSAR MORO SINO QUE ES SU MAYOR ALBACEA LITERARIO. GRACIAS AL ESTUDIOSO GALO VARIOS LIBROS DE MORO PUDIERON SER PUBLICADOS, COSA QUE EL POETA NO PUDO LOGRAR SOLO. POR ELLO, LAS REVELACIONES DE COYNÉ A EL DOMINICAL SOBRE NUESTRO MAYOR POETA SURREALISTA ARROJAN LUCES NOVEDOSAS SOBRE UNA DE LAS AMISTADES LITERARIAS MÁS FRUCTÍFERAS DE NUESTRA HISTORIA. Y COYNÉ, COMO SE VE A CONTINUACIÓN, NO SUELE ANDARSE CON SECRETOS
Por Enrique Sánchez Hernani

Usted fue un gran amigo de César Moro. ¿Cómo lo conoció?
-Yo llegué al Perú con 21 años a fines de 1948. Ese mismo año Moro había vuelto de México e iba a la Alianza Francesa para ver revistas y las novedades literarias. Un día le dijeron que acababa de llegar un becado de Francia y así nos conocimos.

¿Cómo era su personalidad?

-Bastante fuerte, bastante imperativo. Por ejemplo, durante un año vivimos en una casa que nos prestaron en Barranco, él abajo y yo arriba. Para ir al tranvía había que pasar por dos bodegas de chinos, en las esquinas, pero él me obligaba a comprar a uno y no al otro. ¿Por qué? Porque así le daba la gana.

¿Qué le contó Moro sobre las razones que tuvo para viajar a París?
-Moro partió a París por intermedio de Leguía, cosa un poco extraña pero así es. La madre de Moro había sido amiga de la primera novia de Leguía, antes de que este se metiera en política, porque cuando se metió en política tuvo que casarse con la hija de la familia más relevante. Cuando la madre de Moro le pidió cita a Leguía, en recuerdo de los viejos tiempos, este la recibió y le dio un pasaje para su hijo.

¿Moro tenía interés en conocer algo, a alguien allá?
-Moro en esa época se sentía pintor y no poeta, y quería hacer exposiciones en París para seguir su carrera. Hizo dos, una colectiva en Bruselas y la segunda en París. Pero después cayó enfermo, cuando también quería ser bailarín, adelgazó y no pudo inscribirse en la escuela de ballet. Agotados sus cuadros, que seguro vendió, empezó a escribir poesía en español todavía. Pero se veía que había leído a los surrealistas.

¿Sabe cómo tuvo el contacto inicial con ellos?
-Moro vivía en la casa de su prima Alina de Silva, quien vivía en París no como peruana sino como cantante argentina. Uno de los cabarets donde ella cantaba era frecuentado por los surrealistas. De modo que fue ella quien se los presentó a Moro. Allí, muy rápidamente, decidió que iba a escribir en francés y así lo hizo. Por eso Moro es un poeta en francés y no en español, idioma en el que escribió un solo libro, en México, por el gran amor que sintió por un muchacho mexicano. Pero no lo publicó. Yo publiqué ese libro después de su muerte. Por ese libro es reconocido entre los jóvenes poetas latinoamericanos.

La actividad surrealista de Moro fue muy intensa, ¿no es así?
-Sí. Organizó con Wolfang Pale, con la bendición de André Bretón, la Gran Exposición Surrealista oficial de 1939, porque había dos tipos de reuniones, las oficiales patrocinadas por Bretón y las que hacían gente sin importancia dentro del movimiento. Y fue Moro quien escribió el prefacio del catálogo.

También preparó una gran antología surrealista con la anuencia de Bretón, ¿no?
-Es que Bretón fue a México el mismo año en que Moro llegó allá, en el año de la Exposición de la que acabo de hablar. Para eso Bretón violó una de las prohibiciones que preconaba, la de no pedir ayuda al Estado. Pero él pidió una misión, la de viajar para dar conferencias sobre literatura francesa en México, por intermedio de Jean Giradoux, el gran escritor francés, que a la sazón trabajaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

¿Cómo se relacionaron ambos?
-Los comunistas estalinistas mandaron cartas a los principales escritores mexicanos para pedirles que sabotearan las conferencias de Bretón, pero quien ayudó a Bretón fue Moro, con sus amigos, que no eran surrealistas pero sí simpatizantes, especialmente el poeta Xavier Villaurrutia y un pintor mexicano que Moro había conocido en París en los años 20, Agustín Lazo. Como ellos tenían mucha influencia en cierta prensa mexicana hicieron abortar los planes de los otros, que querían impedir que Bretón hablara. Bretón, en realidad, quería ir a México para conocer a Trotsky. Lo conoció y llegaron a escribir juntos el Manifiesto de Arte Revolucionario, que Trotsky no quiso firmar y le pidió a Bretón que lo firmara con Diego Rivera. Pero Moro le avisó a Bretón que eso no era prudente porque Rivera era un personaje bastante turbio.

¿Moro también se acercó a los marxistas según lo hicieron algunos surrealistas?
-Se aproximó a ellos en la medida que se acercó Bretón. Nunca perteneció al partido, pero cuando el partido expulsó a Bretón, él se asoció a Bretón. Además, como extranjero, no podía firmar manifiestos. Pero de todas maneras intervino en el Manifiesto Surrealista La movilización contra la guerra no es la paz, donde al final, en rojo, se glosa una protesta contra la represión del gobierno de Sánchez Cerro contra los marineros, escrita por Moro.

Cuando Moro regresa a Lima, se ve obligado a salir a México. ¿Por qué sucede eso?
-Moro vuelve a Lima en parte por su madre, a la que estaba muy ligado. Él parte a México por su amistad con un pintor que había conocido en París, Agustín Lazo. Al mismo tiempo fue incitado por el embajador de México en el Perú, que todos los domingos reunía en la embajada a los escritores y artistas de vanguardia. Este lo persuadió que debía ir a México.
Mario Vargas Llosa ha contado que en el Colegio Leoncio Prado los alumnos trataban muy cruelmente a Moro. ¿Qué tanto daño le hizo ese periodo a él?-Mario Vargas Llosa confunde todo. Es verdad que Moro tenía cursos en el Leoncio Prado y que no acudía, como los otros profesores, a la disciplina cuando los alumnos se agitaban. Moro iba solo dos horas por semana al colegio y luego se iba a la Escuela de Cadetes de Chorrillos, donde no había indisciplina. Pero en el libro de Mario parece como si Moro fuese un mártir del Leoncio Prado. Además, con algunos de los alumnos del Leoncio Prado tenía relaciones muy amistosas. Yo me acuerdo que él tenía en su casa una foto dedicada de uno de esos alumnos. De modo que la visión de Vargas Llosa deforma mucho la realidad de Moro.

¿Lima no era muy dura con Moro a causa de su opción sexual?
-¿Por su homosexualidad? Pero si Lima en ese tiempo era un paraíso para los homosexuales. Mire, yo soy homosexual. Bastaba mirar un muchacho en la calle para poder proponerle hacer el amor con él.

¿Lima era mucho más libre que hoy?
-Mucho más libre. Ahora han creado cosas como el término "gay", que a Moro le habría parecido horrible.

No es cierto, entonces, que hubo una hostilización contra Moro por ese tema.
-Pero yo se lo digo, era la cosa más fácil del mundo ser homosexual en la Lima de aquel tiempo, sin necesidad de reivindicaciones ni otros absurdos.

¿Por qué publicó tan poco Moro?
-Moro publicaba solamente cuando alcanzaba suscriptores. Es notable que en México publicara su único libro. Pero le fue fácil por la llegada de muchos surrealistas a México, por la Segunda Guerra Mundial. A él le fue, entonces, más fácil encontrar suscriptores franceses.

En su madurez, ¿continuaba sintiéndose un pintor?
-Él ya había dejado de ser pintor. Volvió a ser pintor únicamente en los dos últimos años antes de morir. Pero cuando yo lo conocí más le importaba la poesía.

¿Es verdad que Paul Eluard le perdió un libro de poemas a Moro?
-Sí, su primer libro. Hay una carta de Eluard donde le agradece que le haya confiado su primer libro, que en realidad eran dos, pues el otro lo había confiado a Bretón. La carta de Eluard la escribe desde un sanatorio y allí le dice que le parecía un gran libro y que cuando volviese a París lo iba a confiar al editor de los surrealistas. El libro quizá se perdió en la oficina de ese señor.
¿Cómo es que Moro se distanció de los surrealistas finalmente?-Sí, se distanció en México a partir de 1944, porque era amigo de Wolfang Pale y éste lanzó una revista, DYM, que compitió con la revista de Bretón que se editaba en Nueva York, Triple V. Este distanciamiento fue creciendo después. Cuando volvió al Perú ya no se sentía surrealista.

¿Hubo alguna razón personal?
-No. Solo que las utopías de Bretón ya no le interesaban. Le interesaba más hacer un llamado a los que se sentían atraídos por un mundo materialista.

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