martes, 26 de agosto de 2008

ALONSO CUETO

ENTREVISTA. ALONSO CUETO



"Llegaremos al bicentenario con una sociedad más integrada"



El novelista avizora un país más articulado para el 2021, cuando se celebren los 200 años de independencia, si se mantiene el proceso de inclusión



Por Francisco Tumi Guzmán

FÉLIX INGARUCA


PERSPECTIVA. “Si no hay una transformación social y cultural, no importa que los problemas políticos y económicos se arreglen: seguiremos siendo un país deficiente. La solución tiene que ver con la mentalidad, con la educación”.


Tú vas a tener 67 años cuando, en julio del 2021, el Perú celebre el bicentenario de su independencia. ¿Cómo te imaginas al país de entonces?

A mí me parece que el Perú es un país excepcional, pues es el único del mundo en donde, de alguna manera, se han dado cita las razas de todos los continentes para probar --si es posible-- convivir entre ellas. Nuestra tradición es una en la que se fusionan componentes andinos, europeos, africanos y asiáticos. Esto no es un fenómeno reciente, sino que tiene que ver con varios siglos de historia. Pero hay algo más: esta variedad étnica y cultural se corresponde con una variedad geográfica y ambiental.


Sin embargo, pese a esta riqueza y variedad envidiables

Un biólogo estadounidense dijo una vez que si tuviera que salvar a algún país en el mundo, ese país sería el Perú, pues es el único que contiene dentro de sus fronteras prácticamente todos los ambientes, todos los climas y todos los microclimas posibles. Es decir, el Perú es un país dramático, si le damos al drama el sentido de encuentro o de nudo de conflicto. Por eso es también un país muy atractivo para un narrador, para un contador de historias, pues las historias se alimentan esencialmente de conflictos.


Pero el conflicto es, al mismo tiempo, uno de nuestros principales males.

Aquí en nuestro país el género humano está haciendo una serie de experimentos de convivencia, para ver si funciona. El asunto de la convivencia de contrarios o de seres distintos será el gran tema del siglo XXI en Europa, en Estados Unidos y en todas partes. Aquí en el Perú llevamos siglos experimentando con eso. Sin embargo, esta riqueza, esta diversidad, tiene una contraparte negativa muy arraigada, que es como la otra cara de la misma moneda: la exclusión y la división, que se expresan a través del racismo y la discriminación.

¿Cómo crees que evolucione este asunto en las siguientes décadas?

Este es nuestro gran obstáculo como país, obstáculo que coexiste con la gran riqueza de la que hablamos antes. La discriminación es lo que más ha influido en nuestro subdesarrollo, en nuestras dificultades, en nuestras deficiencias, en la falta de un sentido de pertenencia. Por fortuna, está comenzando a transformarse. Yo creo que el gran acontecimiento del siglo XX en el Perú es el de la migración de personas del mundo andino a la costa.


Que han hecho que el Perú sea ahora mucho más viable.

Han creado una mayor conciencia en Lima y en las ciudades de la presencia de la sierra y de la selva. Ahora tenemos una conciencia mucho mayor que antes de la existencia de un país. Cuando Humboldt llegó a Lima, a comienzos del siglo XIX, dijo que Lima estaba más cerca de Londres que de la sierra. Es decir, Lima miraba a Europa, sin ningún interés en la sierra. Eso ha cambiado en gran parte gracias a las migraciones, que han roto las mallas sociales. Hoy tenemos una generación de empresarios de 50 o 60 años, de origen humilde, que ha roto el esquema de sociedad estática. Si continúa este proceso, si se siguen rompiendo las mallas y las divisiones sociales, vamos a llegar a los 200 años con una sociedad mucho más integrada. Soy moderadamente optimista.

¿No crees que el componente económico es clave?

Si el país se vuelve a desplomar económicamente, las divisiones se ensancharán.Creo que la política del presidente García ha sido hasta ahora bastante acertada y que el buen momento actual se va a sostener. Pero el gran reto ahora es el de la distribución y el de la inclusión. Finalmente, lo menos complicado es aplicar fórmulas económicas y políticas para que las cosas mejoren. Estamos en eso. El problema de fondo son los estratos culturales y sociales. Si no hay una transformación social y cultural, no importa que los problemas políticos o económicos se arreglen: seguiremos siendo un país deficiente. La solución de fondo tiene que ver con la mentalidad, con la actitud, con la educación de nuestra población.


Una carencia clave de los peruanos es la falta de perspectiva de largo plazo. Por ejemplo, desde el año 2004 sabíamos que íbamos a ser sede de dos cumbres y apenas ahora estamos trabajando a toda prisa y en desorden.

Una de las características del peruano es la falta de una concepción de la grandeza. En la historia del Perú hay una grandeza. Hemos edificado grandes construcciones, hemos tenido gran arte y grandes artífices, pero entre nosotros prevalece --tanto en la concepción del tiempo como en la concepción del espacio-- una vocación por lo pequeño, por lo diminuto, por lo minúsculo. La falta de una planificación de largo plazo, por ejemplo, es una consecuencia directa de eso. Existe el mito de que los peruanos trabajan poco. Es falso. Los peruanos trabajan mucho. El problema es que ese esfuerzo raras veces es planificado.


Incluso, entre la gente más educada, como uno pensaría que son las autoridades...

Porque la planificación y la constancia no son un problema de educación, sino de actitud ante el mundo. La constancia supone una confianza en uno mismo suficiente como para vencer el paso del tiempo. No una concepción del momento, sino del largo plazo. Entre nosotros prima la idea del ahora en lugar de la idea del futuro. Tal vez abrumados por las grandezas del pasado, tenemos muy poca confianza en las grandezas que podemos lograr en el futuro, y por eso tenemos una idea muy pequeña del futuro. Siempre es una idea dominada por el momento. La improvisación es una consecuencia de eso.

Así como carecemos de conciencia del largo plazo, tampoco tenemos mucha conciencia del otro.

La falta de conciencia sobre el otro es responsabilidad directa de unas clases dominantes que no han sabido ser clases dirigentes y que no han tenido compromiso con la sociedad. Parece que ahora lo están adquiriendo, en parte por miedo y en parte tal vez por conciencia. El hecho, por ejemplo, de que varias veces en la CADE el tema haya sido la inclusión no hubiera pasado hace treinta años. Hay, por otro lado, un asunto que tiene también mucho que ver con esto: la valoración de lo propio.


¿Crees que allí también ha habido una evolución, más allá de Machu Picchu y el cebiche?

A mí me parece que el problema del Perú no es el excesivo patrioterismo, sino el antipatrioterismo. En el Perú siempre se ha visto muy bien hablar mal del Perú y decir que es un país tal por cual. Es decir, el problema opuesto al que pueden tener algunos argentinos.


Es que hay tanto para criticar.

La falta de valoración de lo propio es un problema muy grave, pues indica una falta de cohesión. Por fortuna, creo que eso se está modificando poco a poco. Hay que ver cómo la comida peruana se ha convertido en una cocina de lujo, de gourmets. Pero el cambio también está ocurriendo en la música. Cuando Pinglo muere, en el año 30, su muerte pasa casi desapercibida, pues para la clase alta el vals era música del callejón, de bajo nivel. Recién en las siguientes generaciones esa música es aceptada. El próximo paso es que la música andina también sea asumida y celebrada en las casas de las familias de clase alta limeña.

¿Eres tan optimista?

He ido a ver el espectáculo de Pepita García Miró y Jaime Guardia, "Encantos andinos", y me pareció extraordinario. Estos hechos son importantísimos. Ella, aparte de una voz extraordinaria, tiene una entonación y un acento quechuas perfectos. Esas son señales de un país mucho menos escindido y mucho más integrado. Al final, esas transformaciones culturales y sociales son las que van a decidir si nuestro bicentenario será el de una sociedad que se reconoce y se valora a sí misma en su diversidad, en lugar de discriminarse y ningunearse.

¿Cómo se puede apuntalar esta opción?

Para marcar un camino, se necesita tener raíces, identidad y cohesión. En la medida en que no hay cohesión, nadie va a asumir un objetivo colectivo. El crecimiento es un asunto económico; la distribución es un asunto social. Estamos comenzando a resolver el problema económico, pero el problema social no está resuelto. El éxito de un país se define en la medida en que resuelva sus problemas tanto económicos como sociales. Hasta ahora, la brecha que divide a los peruanos se mantiene, y la principal causa es que persiste la discriminación. Todavía a muchos gerentes de tal o cual empresa les parece que alguien que se llama Mamani o Condori no pertenece a la misma dimensión de la realidad a la que pertenecen ellos.

Terminamos con la pregunta del principio: ¿Cómo va a ser nuestro bicentenario?Creo que va a encontrar a un país con las mismas diferencias --espero--, pero con un mayor reconocimiento y aprecio de esas diferencias. Materialmente, yo creo que el país va a ser más rico que ahora. Sin embargo, esto nos lleva también a otro asunto: el Perú es un país lleno de materias primas al que le hacen falta más ingenieros. No haremos nada con las materias primas si es que no tenemos a alguien que las convierta en algo más, en riqueza. Tenemos, por ejemplo, un montón de psicólogos --que son necesarios, pues la población también enloquece--, pero el gran reto del Perú, que necesita infraestructura y tecnología, es contar con ingenieros, con científicos.

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SURGEN MÁS ESCRITORES, PERO "SIN DUDA HAY MUCHO POR HACER"

Perú tiene grandes narradores por sus conflictos y geografía

¿Tenemos más narradores y más novelas ahora en el Perú?

Sin duda ahora hay más narrativa. El Perú es un país con mucho analfabetismo y con poco desarrollo de las actividades culturales, pero tiene grandes narradores. Más que Chile, por ejemplo, que tiene mucho más apoyo a la cultura y mucho menos analfabetismo.

¿Cómo explicas eso?

Por dos razones: una es la cantidad de conflictos y diferencias que tenemos en el Perú. Eso es lo que alimenta a los novelistas. Aquí se comienza a dramatizar la gran división peruana apenas ocurre en la Conquista. Uno de sus actores la dramatiza en los "Comentarios Reales". Esa dramatización se ha repetido muchas veces y ha continuado hasta las obras de Arguedas y de Vargas Llosa. Dramatizar las diferencias en una sociedad llena de diferencias es algo que la narrativa peruana ha hecho muchísimo.

¿Cuál es la otra razón?
La otra razón es la geografía. Somos un país con una geografía diversa, y los grandes novelistas --aunque esto sea muy discutible-- vienen de geografías dramáticas.

¿Crees que esta renovación de la narrativa peruana fructifique?
Últimamente hay una nueva generación de narradores muy numerosa e interesante. También hay nuevas editoriales, hay más librerías, hay concursos. Sin duda hay mucho por hacer. Por ejemplo, hay áreas enteras del Perú, como la selva, en que casi no hay librerías. Pero no deja de crecer el interés por escribir y por publicar. En los talleres de narrativa hay mucha gente que quiere escribir. Son médicos, contadores, ingenieros, empresarios; gente de muy diversas especialidades. Todos quieren escribir para contar su propia historia.


Tú vas a ser jurado del próximo concurso de novela de El Comercio. ¿Cuánto ayudan los concursos?
Los concursos ayudan mucho, sin duda, pues incentivan a los escritores. Este concurso de El Comercio da un premio bastante elevado y además es muy serio; por otra parte, se ha formado un jurado con algunos escritores del extranjero y se ha trabajado con mucha anticipación. El Comercio siempre ha sido un periódico de escritores. Todos los grandes escritores peruanos han escrito en sus páginas, desde Ricardo Palma, Vallejo y Arguedas, hasta Vargas Llosa y los actuales. Siempre ha sido un periódico vinculado a la literatura.


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